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Marco teórico como historiador urbano y cultural

EPSON DSC pictureEl espacio urbano es un producto cultural, históricamente construido, tanto en lo material como en lo social y que da cuenta de un espacio simbólico donde también se expresa la tensión social. Es un ámbito privilegiado de la cultura material donde se manifiestan y materializan los conflictos, contradicciones y desigualdades de una determinada sociedad y época. Así vistos, la ciudad y el territorio, no son el decorado de otros discursos, tampoco son sólo el escenario de confrontación de las fuerzas sociales imperantes, sino que constituyen el desafío al que apuestan los distintos actores sociales y un indicador de sus relaciones y tensiones.

Mirar una ciudad desde lo urbano-territorial desarticula la visión tradicional que pone el acento en la historia política y permite encontrar en el territorio, rastros compartidos con muchas otras ciudades americanas que gestan transformaciones sociales, políticas y procesos semejantes.

Siguiendo la tradición de la célebre École des Annales, instigadora de toda la historiografía moderna y situándonos en los estudios de geohistoria denominados de larga duración, como los Fernand Braudel, nuestra línea de investigación, desde hace muchos años y sobre la que se asienta nuestro mayor trabajo y mayor producción es aquella de vincular los procesos histórico-culturales con los espaciales.

Nuestra manera de enfocar este tema se inscribiría (con una escala diferente, otro escenario y otra realidad cultural e histórica) dentro del espíritu innovador de la escuela creada por el afamado historiador francés. En efecto, los estudios de larga duración tienden a explicar la conformación del “modelo” de asentamiento urbano y territorial a través de un largo período de tiempo. Se trata de una nueva manera de estudiar les relaciones entre las sociedades y los territorios, situando sus relaciones en los periodos largos que ponen en valor las evoluciones, las rupturas y les continuidades de los diferentes modos de ocupación del espacio.

Los estudios que circulan sobre las historias locales o regionales no suelen priorizar espacializar la información de la que se da cuenta en los textos. En contraste, nuestra línea de investigación, desde hace muchos años y sobre la que se asienta nuestro mayor trabajo y producción, es aquella de vincular los procesos histórico-culturales con los espaciales. Es decir, relacionando los desarrollos históricos, políticos, sociales, económicos, etc., con lo espacial, de manera de poder explicarnos el presente. La ciudad ha sido, por cierto, el escenario inevitable donde se desarrolla la otra historia más cotidiana.

La historia académica ha solido abstraerse del espacio donde ella sucede. Así esta historia se convierte en un largo relato literario sin gráficos explicativos, sin mapas o planos que ilustren lo que refiere el texto. Por otro lado, la geografía escolar suele ver al espacio como algo a-histórico. Se da cuenta de un espacio que parece no tener historia. Entre estas dos visiones de las ciencias sociales hemos tratado de meter una cuña. Intentando precisarle espacio a la historia e historia al espacio.

EPSON DSC pictureEn efecto, el espacio no es neutro y como nos lo recuerda Alain Musset: ya lo decía Durkheim al criticar el punto de vista de Kant: “el espacio no es ese medio vago e indeterminado que había imaginado Kant: puro y absolutamente homogéneo, él no serviría de nada y tampoco ofrecería la posibilidad de fijar el pensamiento » [1912, Les formes élémentaires de la vie religieuse]. Como el espacio está cargado de significados, históricamente construidos, nos interesa develar la argamasa de lo urbano o lo territorial y, al mismo tiempo, sus aspectos simbólicos.

La ciudad puede, si se quiere, ser entendida como un “texto” a descifrar desde el territorio. Por ello, nuestro interés apunta a vincular, por un lado, la lectura de la materialidad del territorio: sus componentes y características y, por el otro, el análisis del discurso acerca de lo urbano y lo rural, en un amplio registro de voces y momentos, producidos por distintos actores sociales y desde diferentes lugares.

En la historiografía tradicional, la documentación gráfica, tales como planos históricos y grabados antiguos, se han solido usar con la idea de ilustración, tanto como podía hacerse con una fotografía o un grabado. Se desperdiciaba así la posibilidad de considerar a estos documentos como una fuente de información histórica en sí misma, ya que los planos suelen contener no sólo delimitado el espacio histórico, sino que lo complementan con la inserción de información literal, representaciones iconográficas o arquitectónicas, de cursos de agua, localización del equipamiento público, tipos de cultivos, instalaciones proto industriales, referencias literarias del equipamiento social, etc.

Conspiraba para la utilización de la buena y rica información que proporcionaban los planos históricos la mala calidad de las reproducciones fotográficas de los mismos, o la utilización de fotocopias que rebajaban la calidad de los originales y, por ende, su legibilidad. En efecto, el actual mundo de las artes gráficas ha sido revolucionado en tiempos recientes con la utilización de la computación como fuente de digitalización o restauración de originales abriendo las posibilidades de utilización de los planos y grabados antiguos como fuentes documentales de primera mano.

EPSON DSC pictureEn este proceso de socialización del conocimiento, nuestro propósito fundamental es hacer comprensible, para el gran público y también el especialista, el espacio y el proceso histórico que se ha generado en torno a él. Para ello, recurrimos al lenguaje visual (infografías, esquemas, mapas, gráficos, etc.) como herramienta fundamental para construir esta sociedad del conocimiento y para hacer más comprensible nuestro entorno y nuestra historia.

Es decir, traducir datos abstractos o información histórica a formas o ideas visuales que la gente pueda entender. Proceso que el comunicador visual Costa Joan [Barcelona, 2008] asume como un desafío contemporáneo: «…llevar la ciencia a pie de calle», es decir hacerla accesible al gran público (…) convertir el conocimiento científico en visual, porque la gente cree lo que ve. La frase de Einstein es elocuente: «Si no lo puedo dibujar es que no lo entendí».[1]

Nuestras investigaciones han tratado desde la historia urbana de Mendoza como ejemplo de una ciudad andina, desde el siglo XVI hasta nuestros días; viendo la historicidad del territorio a partir de la cartografía, o el rastreo histórico del sistema hídrico del oasis del área metropolitana de Mendoza, o al actual: “Ciudades y poblados históricos emergentes de las culturas de regadío. Razones de su aparición, consolidación o declinación en América. Estudio comparativo de centros urbanos americanos inscriptos en la categoría de “oasis”.

 


[1]    Diario La Nación, Bs. As. Suplemento Enfoques: Entrevista a Joan Costa titulada: “El diseño socializa el conocimiento”, 01/06/2008.

 

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